LAS CASAS DE PLASENCIA DEL MONTE

Casa Callau – Marino y Serafina

Casa Susín – Ramón y Rosa

Casa de Ena - Tomás y Jesús.

Casa Pequeño – Joaquín y Antonia.

Casa de Ansi – José y Angelita.

Casa Zurdeta – Francisco y Manuela.

Casa Media Vida – Lorenzo y Encarnación.

Lorenzo y Encarnación fueron mis suegros, los padres de María. Su casa se llamaba así, porque uno del pueblo, que sacaba muchos motes, se lo sacó un día que llovía. “Con esta lluvia ya tenéis para media vida”, dijo. Y así quedó el mote.

Casa Pío – Pío y Basilia.

Casa Chomo – Pascual y Engracia.

Casa Ozurdo – Benito y Narcisa.

Casa Arbañile – Nicolás y Francisca.

Casa Manolo – Pascual y Tereseta.

Casa Mañas – Pascual y Severa.

Casa Sargadillo – Perico y Juana.

Casa Melitón – José y María.


Casa Constancia – José y Amuncia.

Casa Ramoncico – Jesús y Carmen.

Casa Periz – Pedro y Ignacia.

Casa la Torreta – Serapio y Juana.

Casa Baros – Agustín y Pabla.

Casa Turillos – Libero y Auxilio.

Casa Vernués – Alfonso y Elena.

Casa Vernués – Antonio y Escolástica.

Casa Manolín Jiménez – Manuel y Micaela.

Casa Polonio – Ramón y Andrea.



Casa Sixto – Sixto y Mabilla.

Casa Ciprés – Pedro y José y Carmen.

Casa Ventura – Sebastián y Fermina.

Casa Carulo – Sebastián y Sebastiana.

Casa Saraseta – Tomás y Teresa.

Casa Urroz – José y Marta.

Casa Veus Pablo – Joaquín y Petra.

Casa Binue – Joaquín y Petra.

Casa Cachucha – Marino y María.

Casa Alagón – Amado y Matilde.

Casa Pucherico – Basilio e Isabel.

Casa Jiménez – Benito y María.



Casa Garcieta . Silvestre y Carmen.

Casa Elias – Elias y Basilisa.

Casa Castán – Gaspar y Ramona.

Casa Borderías – Vitorino.

Casa Metro – Félix y Jesusa.

Casa Malo – Antonio y Francisca.

Casa Santos – Santos y Esperanza.

Casa Sixto – Domingo y Josefino.

Casa Omajo – Gregorio y Paca.

Casa Agedeta (no existe).

Casa Acoja – Palacín e Isabel.



Casa Sinio – Gregorio y Juliana.

Casa Lorente – Agustín y Antonia.

Casa Loreta – Lorenzo y María.

Casa Zaragozano – Blas y Carmen.

Casa             - Josete y Encarnación.

Casa Omoreno – Sebastián y Ángela.

Casa                - José María Castillo y Concha.

Casa el Herrero – Benito y María.

Casa de León – Señor León.

Casa Obarvero – Santos e Inés.

Casa el Cura – Mariano Monreal.

Casa Sarasa – Miguel y Federica.



Casa Carnicero – Antonio y Serapia.

Casa Maura – Ramón y Lorenza.

Escuela Nueva, construida por Félix Palacín.

La Herrería de Benito.

Casa Pepetes – Manuel y Ricarda.

Casa Candiarenas – Mauricio y María.

Casa Operre – José y Avelina.

Casa el Herrero – Francisco y María, y también Miguel y Juana.

Casa Estreme – Pascual y Patro.

Casa Beturián – Lorenzo y Juana y Aurelita.

Casa Ponpién (hoy) – Balsa y Rosita.

Casa Guarasespe – Félix y Juana.

Casa Opastor – Honorio y Cristina, también Francisco y María.

Casa Casabona – Victoriano y Emilia.



Casa Mario

Casa Juane y Encarnación.

Casa Vercero – Pablo y Cristina.

Casa Arbañile – era del secretario Ara.

Casa Tejada – José María y Blanca.

Casa Manolo Allue

La Posada Martín Castillo y Pilar.

El Cobertizo – Antonio y Pilar Sarasa.

El Cocón – Lino Nasarre de Lierta.

Casa Latas – Félix Palacín y Lorenza.



           
Félix Palacín fue el alcalde cuando la dictadura de Primo de Rivera. Hizo muy buenas obras para el pueblo: escuela nueva, cedió la Paul, un terreno que no valía vas que para apacentar yeguas y vacas que Guarasespe y Borderías, a los forestales, éstos hicieron allí un vivero de árboles que dio muchos jornales a los pobres de Plasencia, y eso que criticaron mucho esta cesión. Y estas obras, y muchas más, se las agradecieron siendo fusilado en el castillo de Jaca. También cabe decir que Mariano Susín, de Casa Cachucha le dedicaron una plaza a su nombre. Lo veo muy bien, pero a estos alcaldes que hicieron tanto por el pueblo, como Antonio Barraca y Félix Palacín, así se lo agradecieron, ¿por qué no dedican una calle a Félix Palacín, que tanto bien hizo por el pueblo? Si dedican una plaza a Mariano Susín, bien podrían hacer lo otro


Había unos maestros, en el pueblo, que desgraciadamente yo no conocí, porque no me llevaron a la escuela. Uno era don Andrés, que era cojo, y no se preocupaba más que por los hijos de los ricos, y de los pobres nada. Luego vino don Simeón Omella, que se preocupaba mucho por el que sabía, pero no por el que no sabía; esto le vino muy bien a mi hermano José María, que fue a la escuela con él, y a Valentín Ibor. Este maestro les enseñó a hacer una imprenta de barro. Todos estos estudios les vinieron muy bien cuando fueron mayores. Mi hermano pudo colocarse en una imprenta y Valentín Ibor trabajó en Hacienda. Todo se lo enseñó don Simeón Omella, que tuvo que marchar del pueblo cuando la guerra, porque los ricos del pueblo (muchos de sus hijos no tenían capacidad) le criticaban que enseñara a los hijos de los pobres.

Yo aprendí a leer y escribir cuando entré en la Renfe. Como vivía en una casilla, durante el día trabajaba y por la noche, ¡a estudiar! Esto me valió, primero para hacerme fijo, luego ascender a primer obrero y después de mucho estudiar llegué a ser capataz. En el tiempo de capataz, peleé con todo tipo de personal, buenos, regulares, muy malos… Pero sabía tratarlos a cada uno como era y sabía calcular el trabajo del esfuerzo que tenía que hacer cada uno. Primero estuve de capataz en Ayerbe, donde nació nuestro segundo hijo. La brigada era muy buena, todos del terreno y muy buen personal. Pero al llegar otro hijo pensé marchar a Cataluña. Primero en Aguilar de Segarra. El personal era diferente, no tan bueno como el de Ayerbe. Luego bajé a Olesa de Montserrat, donde había más personal, y tenía que competir más con ellos. Después fui a Barcelona, donde el trabajo era malo, todo en túneles, y el personal no muy bueno (te mandaban lo peor de la zona), tampoco la Jefatura te apoyaba demasiado. Quedó vacante Terrassa y me subí a Terrassa. Tenía mucho más personal: 125 obreros a mi cargo, entre los cuales había de todo; 25 pasos a nivel, la mayor parte de guardabarreras no eran competentes. Cuando se hizo la vía subterránea en Sabadell se quitaron muchos de estos pasos, y cuando ya tenía personal para dar descansos y vacaciones, entonces me jubilé.

La vida de casados

Me casé con María Segura y he procurado que no le faltara de comer ni cien pesetas, hemos tenido alguna discusión, pero todo se ha pasado. En sesenta y un años que llevamos juntos, no le ha faltado nunca qué comer ni cien pesetas, ni le he puesto la mano encima, cosa que no querría hacer en lo que nos puede quedar juntos.

María también vivía en el pueblo, pero había nacido en Erla.

Mi hija

Cuando venimos a Aguilar de Segarra, estaba el colegio al lado de la casilla. Mi hija Encarna aprendió mucho el catalán. Cuando bajamos a Olesa, la llevamos a una academia en Manresa, donde aprendió bastante; a nosotros nos hubiera gustado que hubiera sacado una carrera, porque tenía facilidad para estudiar, pero no quiso más que ir a trabajar, hasta que conoció a Bartolomé, se hicieron novios y se casaron. La boda fue en Montserrat, y fue una boda muy buena.